Antes de emprender el regreso a Barcelona, Jorge Lorenzo lo tenía claro. «A la mierda el Mundial», llegó a espetar, cansado por tanta mala suerte, mientras se dolía de su maltrecha clavícula, la misma que se había fracturado hace quince días en Holanda y que se había vuelto a lastimar tras su caída en Sachsenring.
Era sábado por la noche y el Mundial, con un cero...
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