La hierba de Wimbledon, que tanta gloria le ha dado, confirma que Roger Federer se funde a negro irremediablemente. Cuesta darle por muerto porque se ha encargado mil veces de resucitar, tenista eterno que siempre vuelve, pero este 2013 humaniza al mito, le convierte en un jugador vulnerable que ni siquiera es capaz de ganar al 116 del mundo en su jardín de Londres....
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