Concluyó la primera parte y el fondo norte del Bernabéu, el que ocupaba la hinchada rojiblanca, se declaró en ventaja anímica. Un furioso rugido proveniente de aquel sector decretó que la final seguía viva, pese a que había arrancado como siempre. El impulso perpetuo del aficionado atlético, el gol madridista (como siempre Cristiano) que aplaca cualquier sublevación...
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