No había comenzado el partido y el Olympiacos ya iba ganando. En un O2 semivacío, los griegos eran abrumadora mayoría y su espíritu en la grada contagió pronto a sus jugadores. El arranque brutal de Sonny Weems (8 puntos en el primer cuarto) fue un espejismo, porque ninguno de sus compañeros le secundó. El CSKA se vio arrollado por la fe del Olympiacos, que guiado...
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