Hubo un tiempo no muy lejano en el que los derbis levantaban grandísima emoción, tiempo de cañas, charlas en las oficinas, esperanzas y desesperanzas. Luego llegaba el partido y era un pestiño del diez, abrumados los jugadores por la presión mediática, por los nervios, por la rivalidad...
Luego, aquello pasó, quizás porque todo se plagó de extranjeros que no vivían...
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