Suena y suena el teléfono en casa de Amos Oz (Jerusalén, 1939), pero ninguna llamada es de Oslo. Esa llamada fue finalmente a Bielorrusia, a la escritora Svetlana Alexiévich. «Yo ya tengo suficientes premios para el resto de mi vida, si nunca recibo el premio Nobel seguiré siendo un hombre satisfecho», confiesa el autor israelí más internacional, eterno candidato...
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