Damien Hirst, de 50 años, es más que un artista. Funciona como una gran empresa, con casi 200 empleados. Muchas de sus obras ni siquiera las toca con sus manos, salen del taller al que imparte instrucciones (el soberbio pintor David Hockney, la otra gran gloria viva del arte inglés, lo ha cuestionado por ello). A comienzos de este siglo, Hirst se convirtió en...
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