El presagio de muerte que se anunciaba en el «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» en 1934 fue acompañado por la voz de otro poeta víctima de la violencia de la Guerra Civil y la posguerra. Miguel Hernández había irrumpido en el ambiente febril y creador de una juventud en la que se concentró la densidad de una perspectiva poética casi milagrosa. Hombres llegados...
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