Hace una década, Marc Gili pegaba carteles por la calle para una inmobiliaria «que odiaba» y Belly Hernández traducía libros del inglés. Se conocieron en Nitsa, el club que centralizó, a finales de los 90, la explosión de la música «indie» y electrónica en Barcelona. En aquel ambiente «un poco “underground”», no tardaron mucho en ponerse de acuerdo para montar...
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