A veces basta con mover una obra de arte a un espacio diferente para que nuestros ojos la contemplen con una mirada fresca. Ese es el experimento que ha acometido el Museo Británico. Tampoco es que necesite innovar demasiado, pues es uno de los más concurridos del mundo, con 6,5 millones de visitantes anuales. Sus enormes salas pulidas ven pasar cada día a riadas...
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