Pasear de la mano de un autor por los escenarios de su novela es como traspasar la mágica barrera que separa la realidad de la ficción. Desprovisto de la incertidumbre del folio en blanco, conocedor del final de la historia que quería contar, el escritor se relaja y disfruta, como un lector más, de la trama por él construida. Así, exactamente, se sentía ayer...
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