Niki de Saint Phalle abrazó el arte como tabla de salvación para liberar la lucha interna que siempre acunó en su agitada alma, entre sus demonios y angustias y su, pese a todo, inaudita alegría de vivir. Una contradicción que define toda su obra, desgarradoramente violenta en esencia por más que los estallidos de color y las formas juguetonas de sus famosas...
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