La perfecta Beyoncé y Pharrell Williams y sus bermudas se llevaron cada uno tres Grammy. Pero el rey de la gala fue Sam Smith, de 22 años, un inglés grandullón al límite del sobrepeso («comer me gusta más que cantar»), de rasgos delicados, coloretes campestres en el rostro y dueño de un falsetto perfecto. Su disco «In the lonely hour», soul blanco bien arreglado...
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