Por San Blas, en Valdemorillo, después del paréntesis invernal, la afición acude con hambre de toros. «La mejor salsa del mundo es el hambre», aclara Cervantes: con razón, como siempre. Se supone que los diestros también tienen hambre de torear y colocarse bien, a comienzos de la temporada. Pero el fiasco ganadero arruina todas las ilusiones: sin un toro encastado,...
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