No eran tan malos (no iban degollando nazis, ni tatuando esvásticas sobre la frente de sus víctimas, ni cortando rubicundas cabelleras arias) como en la película de Quentin Tarantino, pero sí fueron los más duros, los tipos con las agallas mejor puestas y más grandes de aquella guerra terrible, de aquella carnicería de seis años que fue la Segunda Guerra Mundial....
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