Sí, don Juan Prim los tenía bien puestos, y así los tuvo hasta que el 30 de diciembre de 1870, a los 56 años, le apiolaron en la madrileña calle del Turco («en la calle del Turco mataron a Prim, mataron a Prim», cantaría el pueblo poco después, que le tenía por un amado mito) porque se había convertido en «un hombre peligroso» para los «obstaculos tradicionales»...
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