Cuando en julio de 1902 George Beresford inmortalizó el perfil de Virgina Woolf (por aquel entonces apellidada Stephen) a sus 21 años, su rostro ya dejaba entrever cierta vulnerabilidad, desconfianza y preocupación. Aun así, por aquel entonces nada hacía presagiar que la hija de un novelista, historiador y ensayista victoriano de renombre acabaría enfrentándose...
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