Hace 21 años, un total desconocido Irvine Welsh zarandeaba los pilares del establishment literario británico, entre pinchazos de heroína, puñetazos en las entrañas y corrosivas fiestas de dance. El Edimburgo que nadie quería ver saltó a la palestra para retratar las vicisitudes de una juventud, hija de la clase obrera, embarcada en una peripecia vital que crece...
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