En Tauromaquia, un mano a mano implica rivalidad, competencia. Así ha sido siempre, así tiene que ser. (En este terreno, decía el maestro Corrochano –y suele recordar Ruiz Quintano–, «sólo es humilde el que no puede ser otra cosa»). Parece ser que la simpatía que existe entre Castella y Perera no es desbordante: cumplen esta condición. Pero el espectáculo necesita...
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