Lo vi por última vez en la librería Visor, sentado junto a la caja registradora, como si no hubiese hecho otra cosa en la vida que estar ahí, esperando, a Godot o a quien fuese. Le di un abrazo, mientras Salva le ponía delante la enésima coca- cola. Un verdadero talento el de Leopoldo María. Talento y genio al mismo tiempo, porque nació genial y tuvo los suficientes...
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