Al salir de la sala cinematográfica, Juan Tejerina, joven diseñador y maquetador de este diario, se quejó con su novia de que últimamente todas las películas de misterio eran de una obviedad tal que, a los 30 minutos, ya había intuido quién era el asesino.
«Si tanto te desagradan, ¿por qué no escribes una novela?», desafió ella. Tejerina lo tomó en serio. Cinco...
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