Pese a su experiencia y a las veces que ansió sostener la estatuilla en el pasado, Javier Cámara tuvo que respirar hondo cuando Ana Belén le puso finalmente el Goya a Mejor Actor Principal en las manos. «Pensaba, Dios mío, que no me pueda la emoción. No hay que llorar». Tras la gala, ya con el premio en su poder, Cámara reflexionó sobre lo que le costó quitarse...
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