Barcelona, año 2050, ciudad sin ley; cada facción controla un sector. Los políticos del gobierno central y el autonómico ya no se pelean: han fusionado sus banderas y repartido lo que queda de la caja. El centro urbano lo controlan servicios de seguridad «gubernamentales», la periferia está en manos de las Milicias de la Juventud en un perpetuo «after hours»...
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