Hace 36 años, un joven profesor de Maine despuntaba como autor de género. Había logrado un cierto éxito con sus dos primeras novelas («Carrie» y «El Misterio de Salem’s Lot»), publicadas ambas en pasta blanda, escritas mientras vivía en una autocaravana con su familia, sosteniendo la máquina de escribir sobre una tabla apoyada sobre sus piernas. Apenas tenían...
Suscribete para leer la noticia completa:

