Y Morante se sentó en el estribo recreando una añeja estampa para aguardar la salida de su último toro de la temporada. La gente se removía impaciente en sus asientos; más de siete mil espectadores, catorce mil pupilas que más que mirar tocaban el toreo. Como canta Sabina, los sentidos sentían sin miedo y la plaza se sumergía en un sueño que se hizo realidad...
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