A finales de los años cincuenta, dos jóvenes Princesas griegas apasionadas por la arqueología, Sofía (1938) e Irene (1942), decidieron explorar los terrenos que rodeaban su casa de Tatoi, a la que la Familia Real griega se había trasladado a vivir diez años antes. La acogedora casa, que nunca aspiró a ser un palacio, había sido construida por su bisabuelo, el...
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