Cuando el habla popular incluye en sus expresiones algún nombre propio, se adivina que el afortunado –en este caso afortunada– ha alcanzado unas grandísimas cotas de popularidad. Durante décadas, si a una mujer se le decía que «estaba hecha una Esther Williams», se le quería elogiar una técnica de natación perfecta, ejecutada sin perder la sonrisa. En las décadas...
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