Cuentan que en esos días de Mayo del 68, debajo de los adoquines esperaba la playa. Y añaden que por aquellos bulevares incendiados ninguna noche dejaba de pasearse un tipo barbudo, con aires de pastor del Peloponeso, con dos canciones en su mochila de forastero, «Le métèque («Con mi cara de extranjero, de judío errante, y mis cabellos a los cuatro vientos»,...
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