Es un festival, sí, aunque no se parece a ningún otro. De hecho, su singularidad es precisamente esa: ser una isla en la que sus organizadores, los escritores Kiko Amat y Miqui Otero, han plantado bandera para reivindicar la Pimera Persona como la más honesta de las expresiones artísticas. El yo, convertido en un impúdico tobogán por el que se escritores, músicos...
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