Levántate y anda, Gregorio. O arrástrate. Como prefieras. Lo importante es que te muevas. Y, ya puestos, que vuelvas al trabajo, que ya es hora. A Gregorio Samsa, por lo que sabemos, le dejamos transformado en un gigantesco insecto y lustrando la suela de los zapatos de su padre, pero ¿qué hubiese pasado si no hubiese tenido más remedio que hacer de tripas corazón,...
Suscribete para leer la noticia completa:

