La conclusión llega suave como un directo a la mandíbula, en el último capítulo, cuando el autor se dispone a volver a casa. Pero como no es prestidigitador, ni mucho menos novelista, muestra sus cartas desde el muelle sobre el Danubio donde los nyilas (cruzflechados, nazis húngaros) ejecutaban a los judíos atándoles por parejas o de tres en tres. En este caso,...