Hoy los «esforzados de la ruta» que emprenden la aventura del Tour de Francia cuentan con autobuses que son casi como hoteles donde se hidratan, comen, reciben masajes y hasta técnicas de resucitación tras el esfuerzo inhumano, pero antaño, en la edad de hierro del ciclismo, podían verse escenas como esta: el mallorquín Jaime Alomar se refresca en una fuente...
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