Todo empezó en 2012, en un asilo de Newcastle, al noreste de Inglaterra. Un anciano con demencia se quejaba constantemente de que echaba en falta a las que llamaba «mis chicas». Los cuidadores pensaban que se refería a sus hijas. Hasta que repararon en que estaba hablando de sus gallinas. La dirección del centro aceptó la petición de los asistentes del residente....
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