La capital vallisoletana de la Ribera sabe a vino y a lechazo, huele a patrimonio y a naturaleza bajo el abrazo cercano del Duero que deja su impronta
No era consciente de que disfrutaba de mis vacaciones infantiles en una tierra tocada por el Dios Baco. Ni daba importancia al hecho de que el buen vino (sin química, decía mi abuelo) y el lechazo eran viandas habituales...
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