Aestas alturas el curso universitario naufraga o se corona, porque no hay tiempo para más, mientras los exámenes se suceden. En política viene a ocurrir lo mismo. Los nuevos exigen a los viejos una suerte de examen rebuscado y con mucho de «postureo» mediático. Las mayorías no absolutas son lo que tienen: esa obligación puñetera y desafiante de tener que entenderse...
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