Ayer fue cima, conquista y cielo; hoy, abismo, derrota e infierno. El Everest leonés se levantó hace más de cincuenta años en la frontera donde la ciudad perdía su nombre y se convertía en un descampado de caminos polvorientos en verano, dignos de Azorín, y en barrizales invernales que acogían casuchas con sus humildes huertos y escasos frutos. Nació Everest...
Suscribete para leer la noticia completa:

