No pienso dedicar al secuestrador del burgalés Ortega Lara, o al asesino en serie que fue Bolinaga, más líneas que las que exige el rigor. Ni me enredaré en los vericuetos que implica el descanse en paz. Para este pasaporte concreto ya le habrá estampado monseñor Setién –el obispo de etarras que suprimió de los diez Mandamientos el «no matarás»– un codicillo...
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