Habitualmente todo comienza con desobediencia o faltas de respeto, a las que no se da excesiva importancia. Son chavales, piensan sus padres. Pero les siguen un distanciamientos o un cambio de carácter —en un porcentaje cada vez mayor influido por el consumo de drogas— y acaba en el desenlace que nadie querría vivir en sus propias carnes: los insultos, las amenazas...
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