La película acabó, como no podía ser de otra manera, con la muerte del último protagonista; final previsible pues, por lo general, la senda del desencanto impide elegir entre la destrucción o el amor. En la madrugada del jueves, Leopoldo María Panero apretó por última vez el nudo de la soga a la que se había colgado hace años, muchos años. Final no menos previsible...
Suscribete para leer la noticia completa:

