Sigue el cachondeo en política. Esto le divertía cantidad a Martínez de la Rosa, jefe de Gabinete con Isabel II. Todo el mundo le llamaba «Rosita la Pastelera», y a él le parecía un mote de perlas: «No, si es un remoquete muy buen puesto; me llaman Rosita la Pastelera, porque no tengo turrón para todos». Y el pavo, que eran tan literato como catedrático de filosofía...
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